Entrevista al Dr. Alberto Hananel Baigorria

Entrevista al Dr. Alberto Hananel Baigorria

El Colegio Manuel Pardo está de aniversario y tenemos el honor de entrevistar al primer “manuelpardino exitoso del año”, condecorado así en el 2015. Él nos contará sus vivencias como profesional, vicentino y como manuelpardino de corazón.Conociendo a un matemático lambayecano del siglo XXI:

Alberto Hananel Baigorria

Por: Víctor Hugo Cobeñas Villarreal

 

Alberto Hananel Baigorria tiene 34 años, es licenciado en Matemáticas, magíster en Matemática Aplicada, máster en Matemática Pura, doctor en Matemáticas, doctor Internacional y post-doctor en Matemáticas.  Asimismo, Premio Excelencia en todos sus niveles de estudio y, actualmente, catedrático, investigador y revisor.

¿Cómo fue su niñez y el acompañamiento de sus padres?

Soy hijo de una dama de la caridad de San Vicente de Paúl, quien, como madre, creo que debe tener el cielo ganado, por ser lo que es. Quizás es la única persona que entiende mi severa complejidad y, seguramente, es mucho más inteligente que yo. Ella es tan inteligente que, siendo brillante en sus estudios universitarios, decidió no ejercer su profesión para dedicarse por entero a mi hermano y a mí. Una solidaridad malgastada no es caridad y mamá lo vivió en carne propia.

Papá le llevaba a mamá 18 años de edad, y él me motivaba siempre a ser el mejor. Recuerdo que por cada 20 me regalaba una bolsa de Cua Cua o una caja de Sublimes, y aunque algunos psicólogos no comparten esa filosofía, me sentía felizmente recompensado y motivado a hacer mejor mis cosas, para llevarle un veinte cada vez que existía una prueba. Lo mismo a mi abuela y a mi madre, de quienes obtenía invaluables recompensas en álbumes, cromos y muñequitos. Ahora soy un coleccionista por hobbie.

Tuve una infancia feliz en medio de una familia feliz y es, sin duda, la mejor impronta que tuve para poder crecer en edad, en gracia y en la sabiduría de Dios. Qué lástima ver en la actualidad que hay niños que dejan de ser niños y dejan de vivir sus etapas, o las saltan, porque sus papás les regalan una tablet, una laptop o un celular. Hay que dejar ser niños para que la niñez sea fuente de confianza y de amigos fieles, no olvidemos que la confianza es más práctica y el amor es más severo.  Por eso un niño debe vivir como niño, para aprender a vivir como tal y para recordar que siempre debe serlo.

Ser feliz de niño te asegura un buen devenir en las etapas posteriores, pues no podemos asegurar mejor nuestra propia felicidad que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres. Y para eso, hay que ser niños siempre.

¿Por qué eligió estudiar Matemática? ¿Tuvo el apoyo de alguien en especial?

Estudié no lo que mis profesores, amigos o la mayoría de mi familia le pueden sugerir (buenamente) a un Premio Excelencia del Pardo, estudié por vocación lo que siempre quise. Como escuché de usted alguna vez, el momento es “aquí y ahora”, porque cuando Dios te quita algo, así sea tu familia, también sabe poner de manera multiplicada lo que te falta. Al conocerlo en el colegio descubrí, no sólo a un maestro de lengua y literatura, sino a un gran misionero, liturgo y sobre todo un gran amigo y mentor, el gran Víctor Hugo, padrino ahora, que me acompañaba en todos mis retos.

Siempre me han gustado los retos: Cuando acabé secundaria primero ingresé a todas las carreras sugeridas por mi entorno, les di gusto a quienes no me apoyaban con mi decisión, luego rechacé las vacantes de ingreso a esas otras carreras, y finalmente estudié lo que quise porque era mi vocación estudiar Matemática.

Quería enseñar desde que tengo uso de razón y les daba clases en casa a mis osos de peluche. Siempre quise hacerlo, lamentablemente ser profesor es una carrera que la mayoría de personas ven con un tufillo o aroma a un buen pobre, que sólo sabe orar, y que bien nos describe San Vicente, porque paradójicamente los estudiantes nos evangelizan en vez de sentirnos evangelizadores con nuestras materias, pues es en la educación donde se encuentra el futuro de la humanidad, porque enseñar con organización también es caridad, y tanto la educación como la oración son predicaciones que nos hacemos a nosotros mismos. Por ese motivo, decidí estudiar lo más fuerte: Ciencia pura, y fue así como terminé siendo científico matemático, investigador y, además, jamás perdí mi vocación de enseñar, por eso actualmente soy profesor en una universidad local.

¿Qué es la Matemática para usted?

Para mí la Matemática es la disciplina de perfeccionamiento individual. Pero no podemos individualizarla, porque somos parte de una Iglesia y le pedimos constantemente a Dios llevarla a su perfección por la caridad, esto es, a nosotros mismos.

La Matemática es mi vida, por ilógica que parezca siendo lógica, por fea con los ojos con los que sea vista, bonita y abstracta para ser entendida por quien la estudia a conciencia y también plausible, porque así mismo es Dios, su creador. Se dice que en las misteriosas ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica, la misma lógica que nos lleva a ser inventivos con el amor hasta el infinito.

¿Cómo matemático, cree usted en Dios?

Sí. Creo en la Ciencia y en la fe. Yo creo en el infinito. El amor es infinito. Y Dios es amor.

¿Cuál debe ser el camino para lograr el éxito profesional?

Cuando estudio, me gusta hacer las cosas con perfección. La perfección no consiste en una multitud de cosas hechas, de hacer por hacer, sino en el hecho de hacerlas bien. Para tender a la perfección hay que revestirse del espíritu de Jesucristo, de permanecer en un estado de caridad para llegar a acariciarla.

Cuando trabajo, sólo recuerdo mi vocación, y estoy convencido que ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo y así a los demás.  El estudio es el trabajo más difícil que puede haber. En términos de límites matemáticos yo digo que la santificación es tender a la perfección, y la perfección hace santos.  Estamos llamados a ser santos y perfectos, como el Padre celestial lo es, por tanto, estudio y trabajo, ése es el camino.

¿Para usted fue fácil el estudio?

Todo cambio, decisión y buena determinación inicia y debe terminar con una etapa dura, aligerada con la vocación de servicio, y suavizada con el espíritu de vocación, de hacer lo que verdaderamente te gusta hacer y para lo que te preparas y consagras toda tu vida, sobre todo cuando Dios te regala algunos dones.

Toda mi vida he estudiado becado, sí, becado desde que el padre José Luis Fernández, director de aquel entonces del Colegio Manuel Pardo, me dio la oportunidad de estudiar gracias a mis buenas notas cuando quedé huérfano a los 12 años, debido a un infarto súbito de papá.  Luego estudié mi carrera en la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo. En el Icpna y Ábaco, gracias a la beca del Padre Rosendo Huguet. Posteriormente, culminé mi primera maestría gracias al trabajo en equipo con el doctor Daniel Paredes, mi iniciador en investigación aplicada. Mi segunda maestría y el doctorado los realicé gracias a la beca española de la Fundación Carolina, y al apoyo incondicional del doctor Hugo Calienes, quien, como rector, en ese entonces, de la universidad donde laboro, me permitió brillar académica y profesionalmente. Finalmente, hice mi post doctorado gracias a la beca Santander.

Asimismo, fui Premio Excelencia, Matrícula de Honor, Cum Laude, primer lugar o cualquier denominación similar para referir a primer puesto en todos mis niveles de estudio superior sin excepción.  Considero que, cuando te dan la oportunidad de invertir en ti hay que aprender a aprovechar, y se agradece haciendo un buen trabajo. Debemos ser humildes y sencillos para recibir y también para otorgar y decir gracias, es una exigencia diaria, lo mismo que la caridad organizada. Toda institución administra como mejor sabe sus bienes y recursos. Yo les digo gracias por administrar también los sueños académicos de muchos de nosotros.  Quienes practican la caridad cumplen toda la ley, porque todas las leyes se sintetizan en el amor. Y yo soy manuelpardino, por tanto, un vicentino, constante en perseguir mis fines pese a los obstáculos. Hay que pedirle mucho a Dios para que no nos oprima la miseria, ni nos angustie la incertidumbre del mañana.

Dejé mi casa desde que comenzó el 2008 hasta que culminó el 2016 para viajar a Chile, Argentina, España, Reino Unido, Colombia, México, Italia, y Estados Unidos con el fin de cumplir mi vocación. Así que fácil no fue para mí, pero fue.

¿Qué le resultó más difícil en estos años de aprendizaje?

Cuando estudias tanto, y tan lejos, pierdes una pizca de vida social, pero nunca pierdes el ser amigo y el estar abierto a nuevas amistades; la verdad es hija del tiempo y, como este no se detiene, sólo te queda la familia o lo poco de familia que tienes, a la que incluso puedes haber perdido en el camino por estudiar tanto (Tuchis y Simba). Si tienes la buena suerte de tener aún a tu familia, como yo a mamá, te darás cuenta que tu familia lo es todo. Tengo 3 sobrinos: Lupita de 1 año, Rodrigo y Fernando que ya tienen 11 y 8 años, no los he visto crecer, pero así es la vida, se pasa algo rápido.

¿Qué lo motivaba a estudiar tanto?

Mi querido Padre Rosendo Huguet (espero que algún día sea considerado como Santo, porque como dice nuestro sabio padre Enrique Mangana, “él ya lo es”) me dejó unas palabras que constantemente me las refrescaba, incluso poco antes de su partida: “Tu eres un genio, un vicentino, selo siempre con toda la matemática que has aprendido, con toda tu ciencia, siempre sé el número uno. La falsa modestia no es una virtud. Sé orgulloso de ser el mejor”. Y así me siento, sin ser soberbio, orgulloso de lo que soy. Pienso que es un buen hábito decir la verdad y de actuar según se piensa. Y yo pienso así de mí mismo.

¿Qué incentivó su camino vicentino?

Mi experiencia vicentina y la huella del discernimiento de quien soy ahora se las debo a otro vicentino, quien fue mi director espiritual y mi primer jefe, el padre Wálther Crespo, de quien rescato una frase que la he hecho mía durante estos casi 20 años de conocerlo y que, aunque no lo vea muy frecuentemente por la distancia, sabe que soy leal a sus enseñanzas y a su amistad. Llevo en mi vida y quehacer personal su máxima “No al facilismo ni a la mediocridad” que sintetiza el pilar de la caridad organizada en la perfección y la santificación individual, porque un misionero que descuida la oración y los demás actos de la regla no se puede quedar en la caridad, pues le falta lo principal, que es su propia perfección. He allí el sentido de la caridad organizada, pues empieza en uno mismo, en nuestra perfección. Con él como cabeza, y el apoyo de otros compañeros y docentes (yo era estudiante de cuarto año) fuimos los fundadores de la Pastoral Juvenil en el Pardo, y me siento orgulloso de haber asistido desde la primera reunión de su creación.

¿Cuáles han sido sus últimos logros?

He podido crear un teorema, el llamado “Hananel’s Method”, un método en ecuaciones diferenciales parciales para la solución matemática de un tema odontológico, con el que gané el premio al mejor artículo (Best Paper Award) del World Academy of Science and Technology, congreso de dicha institución que reunía a 117 participantes de 85 países distintos en Miami, y en cuya revista pude publicarlo y finalizar así mi Post-Doctorado en Matemáticas.

Desde abril del año pasado, he sido incorporado al Registro Nacional de Investigadores en Ciencia y Tecnología del Perú (Regina), institución del Concytec, he sido invitado también a ser parte como revisor de la revista Transactions on Fuzzy Systems, una revista indexada en Reino Unido de la IEEE especializada en Inteligencia Artificial, Lógica Difusa en concreto. Acabo de regresar de una estancia de investigación becada en Europa este 2018; y actualmente estoy desarrollando un modelo matemático para la erradicación del gallinazo de la región Lambayeque, como parte de un proyecto ambicioso y multidisciplinario que tengo en mente.

Pero quizás el logro más importante, es que con mi matemática pude cumplirle el sueño a mamá de conocer a Mickey Mouse en Orlando, a sus 60 años, gracias a la visa especial que pude adquirir para ella, aprovechando la finalización de mis estudios de toda una vida.

¿Qué más le gustaría llegar a alcanzar en el aspecto profesional?

Una manera vicentina de vivir de acuerdo a la verdad, plasmada en la justicia de la meritocracia, que lamentablemente es poco entendida en el país, es la de ser autoridad. El ruido en el trabajo no hace bien. Me gustaría ser autoridad académica, para hacer el bien, para defender con la verdad, con mano dura al inocente que hace bien su trabajo, para dar ejemplo de cómo ser un buen jefe, aportando mi experiencia con lo mejor que sé hacer, sin abusar del poder, ni promoviendo indebidamente a quienes nos sonríen o comparten nuestra fe, ni mucho menos utilizarlo contra la gente que está bajo nuestro mandato para sólo servir a quienes están arriba. El bien no hace ruido. Y pienso que el facilismo y la mediocridad deben ser combatidos a diario.  La precipitación conduce al fracaso, y las obras de Dios se hacen lentamente.

¿Cuál es su meta a corto plazo en lo profesional?

Obtener nuevos logros. Mi anhelo es ser nombrado como Profesor Principal y poder dedicarme por entero a la Investigación. Demasiado silencio no gusta a un vicentino de corazón.

¿Qué significó para usted ser elegido el primer “Manuelpardino exitoso del año”? ¿Cuál sería su mensaje para la comunidad manuelpardina?

En el Pardo me enseñaron que hay que acostarse con Dios para despertarse con Dios. Cada clase que comienzo en la Universidad siempre la inicio con una oración compartida con mis estudiantes a María y a Dios, como motivación y para recordar que orar es comunicarnos y ser escuchados por Él. Además, no hay mejor camino para ir a Jesús que María.

Mi mensaje, por tanto, sólo es de agradecimiento a toda la Comunidad Manuelpardina, por haber pensado en mí para ser galardonado como el primer “Manuelpardino exitoso del año”, en el año 2015. Me siento muy orgulloso de haber recibido este reconocimiento, pues resume lo que dedico a todos los manuelpardinos, ser “más sanos, más sabios, más santos, siempre más”. Agradezco al padre Ricardo, actual director, por esta iniciativa.

¿Cuáles son sus palabras para el Colegio de cara a sus 70 años de aniversario?

Los buenos vicentinos no abundan y, hoy más que nunca, hacen falta para motivar la misión y caridad en todos los alumnos del colegio, en los exalumnos que ya nos fuimos, y en todos quienes podemos llevar el Pardo a la calle y no al revés; el color esperanza no marca un colegio que cumple 70 años, el colegio tiene biografía propia, porque el colegio tiene vida. Recordemos y vivamos esa sabiduría de los grandes vicentinos del ayer y de los pocos mayores que hoy van quedando. Rescatemos el marcado color de eternidad del Pardo con nuestras acciones en donde estemos, porque el Pardo es para quienes de verdad lo vivimos así, nuestro único y segundo hogar, hasta primero en algunos casos como el mío. Seguramente y sólo así seguiremos celebrando el honor de ser manuelpardino muchas décadas más.

Feliz aniversario. Muchas gracias por la entrevista, y como decía mi querido padre Rosendo “Una oración y un abrazo”.

 

 

 

Permalink

Recent Posts