Editorial1 marzo 2012
¡El Pardo hacia la Acreditación y la Certificación Internacional!
“No hay nada que pueda cambiar los corazones más envenenados tanto como la mansedumbre” (S.V.P).
Hoy comenzamos una nueva etapa de formación integral en los ambientes de este histórico y prestigioso colegio vicentino, y con ella la posibilidad de una infinidad de experiencias significativas para todos sus actores: alumnos, maestros y padres de familia. Reciban todos ustedes mis saludos y mi afecto personal. El Señor nos regala, una vez más, el privilegio de estar al lado de nuestros alumnos para ayudarlos a desarrollar su dimensión humana – afectiva, intelectual, espiritual, artística y deportiva. Dios nos llama para ayudarlos a sacar lo mejor de ellos como personas y como educandos. Nos llama para que nuestros alumnos logren ser lo que son capaces de ser y hacer. He ahí, el secreto de la educación. He ahí el gran privilegio que solo lo pueden experimentar los verdaderos educadores.
Como Institución educativa vicentina estamos comprometidos a responder permanentemente a las exigencias de estos tiempos. En ese sentido, estamos trabajando para consolidar la imagen de un colegio moderno, innovador y atractivo para sus alumnos, no solo en la mejora de su infraestructura, sino sobre todo, en su enseñanza, en su metodología, en la capacitación de su plana docente. En Palabras de nuestro Proyecto Educativo Vicentino diríamos: “queremos que nuestros colegios vicentinos: sean verdaderas comunidades educativas y evangelizadoras, que brinden una educación humanista, científica, tecnológica y trascendente, como expresión de la axiología vicentina: Saber, Amar y Evangelizar”.
En un contexto complejo como el actual notamos con asombro, cómo se va diluyendo la importancia de la familia, base fundamental para formar personas de bien y, con ello, el verdadero significado de los valores. Por ello, consideramos un imperativo marcar aquello que es trascendente en la vida humana y más aún en los educandos: EL AMOR. Dios nos ha creado con amor y para el amor. Venimos al mundo con este impresionante potencial, el mismo que se va desarrollando a lo largo de la vida. La familia y la escuela son lugares singulares para descubrir y desarrollar ese potencial. El maestro de vocación recibe esta tarea no como una carga pesada sino como un don y un reto para formar personas. El educador vicentino es una persona llamada a fomentar el amor en sus alumnos, de modo que el acto educativo se haga afecto en el corazón y la mente de nuestros educandos. Para ello partimos de una convicción: sólo el amor transforma, crea y sana. No hay mejor medicina, mejor medio, mejor pedagogía, que la pedagogía del amor, la misma que empleó Jesús con sus discípulos y los hizo trascender la historia y sus propias limitaciones. Por ello hemos propuesto para este año la siguiente frase motivadora: “Educando con amor, aprendemos a ser más”. Y deseamos que sea más que un eslogan, sino más bien, una actitud de vida.
No hay actitud o gesto más grande que afecte o influya tanto en la vida de un alumno como el amor. Al respecto San Vicente de Paúl, decía: “atrae más a las abejas una gota de miel que un mar de agua salada”. Vale más una palabra y un gesto cariñoso que un libro de la mejor editorial enseñado con rencor, con rabia, con displicencia, con indiferencia o únicamente por cumplimiento. Bien lo decía también Marcelino Champagnat: “si quieres educar a un niño empieza por amarlo”. En palabras de San Vicente diríamos también: “Hay que ser firmes sin ser duros en nuestra actuación y evitar una mansedumbre fofa que no sirve para nada. Es de Nuestro Señor de quien podremos aprender cómo hemos de proceder siempre con humildad y con gracia, para atraerle los corazones sin cansar a nadie”.
Este año como Comunidad Educativa, asumiremos como virtud de práctica, la virtud de la MANSEDUMBRE. Ella nos ayudará a templar nuestro espíritu, nuestras iras, nuestras impaciencias y nuestra débil voluntad para la apertura y la generosidad, pero sobre todo, para una adecuada relación con nuestros alumnos, padres de familia y compañeros de trabajo.
Por otro lado, debo manifestarles que el colegio Manuel Pardo ha iniciado el proceso de la Acreditación y la Certificación. Estamos consolidando la primera etapa de este proceso. Al horizonte ya trazado el año pasado: “El Pardo es estudio, orden, disciplina, tecnología y educación en valores”, este año le sumamos un elemento muy significativo: EL AMOR. “Educando con amor, aprendemos a ser más”.
Estimados maestros, personal administrativo y de servicio encomendémonos a San Vicente y a la Virgen de la Medalla Milagrosa para que tengamos un año muy bueno, un año de siembra fructífera, un año exitoso para Gloria de Dios y que en nuestra vida reine más Jesús con todo su poder. Deseémonos éxitos unos a otros y digamos así: “Que lo que tú me deseas a mí, Dios te lo dé multiplicado”. “El Señor te bendiga y te guarde. Te muestre su rostro y tenga misericordia de ti. Vuelva el Señor su rostro hacia ti y te conceda la paz”.
Fraternalmente
P. Ricardo Cruz Huamán
Director